El Papa León XIV exige marcos legales para la IA en su primera encíclica

El Papa León XIV exige marcos legales para la IA en su primera encíclica

El Papa León XIV presentó el lunes 23 de febrero de 2026 su primera encíclica, Magnifica humanitas, y colocó la inteligencia artificial en el centro del debate ético global. El documento de 42 páginas no es una declaración de principios abstractos. Exige “marcos legales sólidos, supervisión independiente, usuarios informados y un sistema político que no eluda su responsabilidad”.

La encíclica llega en un momento crítico para América Latina. Según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 (ILIA), elaborado por CEPAL y CENIA, Uruguay ocupa el tercer lugar regional con 62,3 puntos, solo por detrás de Chile (70,5) y Brasil (67,3). Los tres países son los únicos clasificados como “Pioneros” en la región, con un promedio general de 43 puntos.

León XIV desmonta una idea extendida en la industria tecnológica. “Cuando el poder tecnológico queda concentrado en pocos actores, aumenta el riesgo de manipulación y desigualdad”, escribió en el capítulo tercero de la encíclica. El sumo pontífice añadió: “No basta con invocar la ética en abstracto; se requieren marcos legales sólidos”.

El documento cita datos de Naciones Unidas: la IA podría alcanzar un valor de 4,8 billones de dólares hacia 2033, multiplicándose por veinticinco en una década. El Papa advirtió que los beneficios se concentran en “un número limitado de actores”. En 2025, la ONU ya había alertado sobre un “vacío peligroso” en materia de regulación internacional.

Uno de los pasajes más contundentes de Magnifica humanitas aborda la extracción de tierras raras. “En ciertas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas triturando materiales de los que se extraen las tierras raras. Cuerpos marcados, mutilados, desgastados para que el flujo de cálculo no se interrumpa”, denunció el Papa.

León XIV aprovechó para pedir “sinceramente perdón” por el retraso histórico de la Iglesia en condenar la esclavitud. El gesto no es menor. Vincula directamente el auge de la IA con prácticas que la propia institución tardó siglos en reconocer como aberrantes.

Uruguay aprobó en noviembre de 2024 su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2030, actualización de una hoja de ruta que data de 2021. El país destaca por su infraestructura tecnológica (70,46 puntos en el ILIA, segundo mejor de la región), su liderazgo en gobierno digital y la alta adopción de IA generativa. Montevideo alberga el primer Microsoft AI & IoT Insider Lab de América Latina.

Sin embargo, la encíclica introduce preguntas que Uruguay aún no ha respondido en su política pública. El Papa advirtió contra “una visión del ser humano reducida a sus rendimientos o a datos explotados por las máquinas”. La estrategia uruguaya prioriza eficiencia, automatización y competitividad, pero dedica secciones menores a la gobernanza ética con mecanismos vinculantes.

Días antes de la publicación de la encíclica, representantes de diócesis de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se reunieron en Salto para analizar el impacto de la IA en la evangelización. Según informó la Conferencia Episcopal del Uruguay, los participantes coincidieron en que la IA “abre un nuevo escenario cultural para la Iglesia”, aunque remarcaron que “no puede sustituir el encuentro personal ni la cercanía humana”.

Las delegaciones insistieron en que “el desafío no es tecnológico, sino antropológico”. El planteamiento replica una de las tesis centrales de Magnifica humanitas: el riesgo de fondo no es que las máquinas piensen, sino que los humanos se piensen a sí mismos como máquinas.

En otro pasaje clave, León XIV declaró obsoleta la teoría de la “guerra justa” de la Iglesia católica, un cuerpo doctrinal que durante siglos estableció criterios para justificar el uso de la fuerza. El Papa argumentó que los avances tecnológicos en armamento autónomo hacen inviable aplicar aquellos principios. Exigió transparencia total a los desarrolladores de IA militar: “debe conocerse siempre la cadena de mando y decisión en la ordenación de ataques con armamento de IA”.

La declaración no menciona conflictos específicos, pero cita “imperialismos opuestos, entre potencias que desean preservar su supremacía y aquellas que aspiran a arrebatársela”. El mensaje es explícito para países como Estados Unidos, China y Rusia, pero también para potencias regionales.

Taylor Black, ejecutivo de IA de Microsoft y director del instituto de IA de la Universidad Católica de América, declaró tras la publicación de la encíclica: “Esto invita a las personas que están a la vanguardia de estas herramientas y que pueden ver las cosas increíbles que son capaces de hacer a plantearse preguntas sobre su propio trabajo. ‘¿Qué significa ser humano?’”.

Uruguay enfrenta ahora una presión regulatoria que no existía hace tres meses. El país tiene fortalezas reales: estabilidad institucional, tradición en gobierno digital y un ecosistema de software con alta exportación per cápita. Pero la encíclica exige pasar de la adopción entusiasta a la regulación vinculante. El Papa fue claro: “Una IA más moral no es suficiente si esa moralidad la determinan unos pocos”.