El salón de eventos del edificio anexo del Palacio Legislativo se llenó por completo el martes de noche. Ninguna silla quedó vacía en una nueva edición del ciclo “La justicia en debate”, impulsado por el senador colorado Gustavo Zubía. El eje central del encuentro giró en torno a lo que los organizadores denominan “fiscalías ideologizadas”, “procesos sin garantías”, “denuncias falsas” y “culpables sin pruebas”.
En la práctica, se trató de una defensa explícita de los militares, criminales presos por delitos de lesa humanidad. Entre el público asistió nuevamente el extupamaro Héctor Amodio Pérez, pero él no fue la atracción principal. La oradora principal fue la senadora nacionalista Graciela Bianchi, quien abrió su intervención con un dato biográfico de alto voltaje político.
Dijo que militó y juntó firmas con Germán Araújo para derogar la ley de caducidad. “Estar acá significa que muchos evolucionamos, que pudimos volver a confiar en cosas en las que habíamos dejado de confiar porque nos dejamos llevar por ideologías muy extremas, no democráticas”, afirmó. Bianchi recordó su pasaje por el Frente Amplio y sostuvo que le “mintieron mucho” y la “estafaron gran parte” de su vida.
Luego arremetió fuertemente contra Ignacio Errandonea, referente de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos (Famidesa). “Es una persona sumamente cuestionable”, dijo, y agregó: “No entiendo por qué tiene esa cara de odio”. En ese momento se escucharon risas y aplausos en la sala. Bianchi ratificó: “Realmente tiene cara de odio. Yo conocí a la primera generación de familiares y no tenían este odio, no lo tenían”.
La afirmación más relevante de la noche llegó cuando Bianchi se refirió a las víctimas de la dictadura cívico-militar (1973-1985). “Hace muchos años que sabemos que en Uruguay hay pocos desaparecidos; quedan cuatro. Acá no hubo voluntad de exterminio”, sostuvo.
Según datos de la Institución Nacional de Derechos Humanos y organizaciones de familiares, la cifra reconocida de detenidos desaparecidos en Uruguay es de 196 personas, aunque recientemente se ha ampliado a 205, número que está en camino a confirmarse. Bianchi mencionó el caso del periodista Julio Castro, asesinado en 1977, y dijo que fue una “desviación”.
“Solamente conocemos la situación de Julio Castro, que murió con un tiro en la nuca. Pero sabemos –y esto probablemente sea titular mañana– que fueron desviaciones”, afirmó la legisladora ultraderechista, según publicó La Diaria.
Bianchi también se refirió al fiscal especializado en crímenes de lesa humanidad, Ricardo Perciballe. Dijo que lo tiene en su “memoria” y que no es rencorosa, pero sí “memoriosa”. En ese instante, una señora del público interrumpió a viva voz: “¡Se van a morir todos antes!”, en referencia a los militares presos en la Unidad Nº 8 Domingo Arena. Bianchi respondió: “Acabo de decir que lo prioritario es que tenemos que convencer a la población de sacar a los presos de Domingo Arena”.
La cárcel de Domingo Arena fue creada en 2006 dentro del Regimiento de Caballería Nº 6, en Piedras Blancas, Montevideo. Fue diseñada específicamente para alojar a militares, policías y civiles condenados o procesados por torturas sistemáticas, homicidios, desapariciones forzadas, secuestros y abusos sexuales a presas políticas. Entre 2021 y 2025, la población osciló entre 25 y 32 reclusos.
La mayoría supera los 70 u 80 años. Allí han estado o están represores como Jorge “Pajarito” Silveira, Eduardo Ferro, José Sande Lima, Ricardo Medina Blanco y Rodolfo Gregorio Álvarez Nieto, entre otros. Diversos organismos de derechos humanos han señalado que las condiciones de reclusión son superiores a las de las cárceles comunes, al punto de ser comparada con un “hogar de retiro” mucho más agradable que una cárcel regular.
Luego tomó la palabra el expresidente colorado Julio María Sanguinetti. Dijo que sigue yendo a Domingo Arena “porque tengo un amigo en el cual creo y sé que está injustamente preso”. Se refería al militar retirado Walter Díaz, procesado en la causa por la muerte de Gilberto Coghlan durante la dictadura. “Creo que todos deberíamos procurar ese afán de reconciliación”, agregó.
Sanguinetti también se refirió a los asesinatos de los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz en Buenos Aires en 1976. “Ningún coraje, es convicción”, dijo sobre quienes le señalan el valor de sostener que los presidentes Juan María Bordaberry y Juan Carlos Blanco no ordenaron esos crímenes.
“La orden hacia Argentina vino de acá, pero no de Bordaberry y Blanco. Primero, porque los considero personas, en ese aspecto, honorables. Y porque, además, ya a esa altura, objetivamente, nadie puede pensar que tenían el poder, porque ya no lo tenían. Pocos meses después, Bordaberry fue desalojado”, sostuvo. Según Sanguinetti, los responsables estuvieron en “ciertos servicios de inteligencia”. “Desgraciadamente, hoy nos siguen torturando y siguen afectando tanto a la comunidad militar, a la cual yo comandé con orgullo diez años, porque vengo de familia militar”, finalizó.
Al cierre del evento, Bianchi llamó a conquistar “a los indecisos, a las personas que están en el centro”. “De los extremos nunca vamos a salir bien”, expresó. La sala volvió a aplaudir.
El día de ayer, el senador del Partido Nacional, Sergio Botana, también salió a defender a los violadores de Derechos Humanos recluidos en la mencionada prisión.
El legislador derechista rechazó la cifra de 205 desaparecidos y aseguró que “176…